
Bella lo miró entonces, irritada.
– Oye, ¿qué te pasa? Si yo entiendo que Will no haya podido venir y Kate y Finn lo entienden también, ¿por qué no lo entiendes tú?
– Porque creo que debería haber estado aquí contigo -insistió él.
– ¡No necesito que vaya conmigo a todas partes! Estoy en la boda de una de mis mejores amigas, rodeada de gente que me conoce. ¿Para qué necesito a Will?
– Yo creo que a Josh le preocupa que te sientas sola -intervino Aisling-. Me contó que Phoebe, Kate y tú no os separabais nunca y ahora que las dos están casadas… en fin, que podrías sentirte un poco fuera de lugar.
Bella la fulminó con la mirada.
– Si intentas decir que estoy celosa, te equivocas. Me alegro muchísimo por Kate y por Phoebe. Las dos han encontrado al hombre perfecto, pero yo no me siento fuera de lugar porque también yo lo he encontrado. Will y yo somos muy felices y no necesito que esté conmigo a todas horas.
– Pues no pareces muy feliz -dijo Josh.
– A lo mejor es porque uno de mis mejores amigos y su novia están intentando que sienta pena de mí misma. ¿Eso te haría feliz?
Josh abrió la boca, pero antes de que pudiera replicar Phoebe lo interrumpió.
– ¡Aquí llega la novia! -exclamó, empujando a Bella con la cadera para hacerse un sitio en el banco.
En ese momento empezaron a tocar la Marcha Nupcial.
Bella se encontró apretujada contra Josh y, de un caderazo, lo lanzó contra Aisling, que acabó pegada a la pared.
No era un comportamiento muy digno para una boda, pero se sintió mejor. ¿Por qué tenía Aisling que meterse en su vida?
Sin embargo, un segundo después se olvidó del asunto.
Al ver a Kate entrando en la iglesia del brazo de su padre se le hizo un nudo en la garganta. El tópico de que la novia estaba radiante era la mejor forma de describirla. Kate parecía brillar y los ojos, que tenía clavados en el novio, estaban llenos de amor.
