
Y luego la foto de Kate y Finn con Phoebe, Gib, Josh, Aisling y ella.
Bella se dio cuenta de que, en las fotos, era la única que no tenía pareja. Y le resultaba raro. Ella siempre había sido la que tenía novio, mientras Phoebe y Kate lloriqueaban porque era imposible ligar en Londres, de modo que esta situación le resultaba irónica.
No pensaba darle a Aisling la satisfacción de decirlo en voz alta, sino todo lo contrario. Sonrió, bromeó y habló con todo el mundo hasta que se dirigieron a la carpa que habían montado en el jardín de la casa de los padres de Kate.
Pensaba que lo estaba haciendo bien, pero a Josh no lo engañó. Seguramente la conocía demasiado bien, se dijo. Y no quería contarle que estaba triste porque entonces le preguntaría por qué… y no sabía por qué.
Aunque eso no era cierto del todo. Sí lo sabía.
Tenía que ver con Aisling. Tenía que ver con que Josh ya no era el estudiante larguirucho al que conocía desde tanto tiempo atrás. Para Bella, era como ver a un extraño. No había nada extraordinario en Josh. Tenía un rostro normal, los ojos azules grisáceos, el pelo castaño…
Pero hasta entonces no se dio cuenta de que en aquellos catorce años había adquirido una presencia sólida, madura, y un aire de competencia que resultaba impresionante. Nunca se había fijado en su boca o en sus manos. Nunca se fijó en que tenía un cuerpazo. No era excepcionalmente alto, pero sí fibroso y se movía con gracia.
Y ahora que lo había notado, no podía dejar de mirarlo.
Eso la hacía sentir incómoda. Era Josh. Su mejor amigo, al que contaba todos sus disgustos, sus penas y sus alegrías. Había llorado en su hombro más veces de las que quería recordar. Josh la había visto sin maquillaje, en pijama, con resaca… Estar con él era como estar con Phoebe o Kate, tan cómodo como ir en zapatillas.
