– Sé que has estado en muchas zonas de peligro, pero eso son riesgos físicos. ¿Te has arriesgado alguna vez de otra forma?

– Abrir mi empresa fue un riesgo -replicó Josh.

– Un riesgo económico, sí. Pero yo hablo de riesgos emocionales.

– Todos los riesgos son iguales. Tienes que mirar la situación de forma lógica, no emocional, y comprobar hasta dónde puedes llegar.

Cuando se ponía así de lógico, Bella se preguntaba cómo podían ser amigos.

– Y en cuanto a las relaciones sentimentales, nunca me ha parecido que mereciese la pena el riesgo -seguía diciendo él-. Pero no es una cuestión de tener miedo.

– ¿Ah, no?

– No todos somos como tú, Bella. No todo el mundo invierte su vida en una relación cinco minutos después de conocer a alguien. La experiencia debería haberte enseñado a ser más cauta, pero no. Apenas has salido de una relación desastrosa cuando ya te has embarcado en otra.

– Eso es mejor que no profundizar en ninguna relación y preguntarte siempre si has perdido la oportunidad de tu vida -replicó ella.

– ¿Y eso es lo que tienes con Will?

Bella levantó la barbilla, desafiante.

– Pues sí.

– Entonces, ¿por qué no vivís juntos?

– Porque nos va muy bien así. Todo el mundo necesita tener su propio espacio.

Josh no se molestó en esconder su incredulidad.

– ¿Tú? Pero si eres la persona más sociable que conozco. No creo que tú necesites tu propio espacio.

– A lo mejor no me conoces tan bien como crees -replicó ella, irritada-. De hecho, estoy deseando vivir sola. Llevo acostumbrándome desde que Kate conoció a Finn, así que ahora no me siento tan rara. Y aunque acabe compartiendo la casa con otra persona, no será lo mismo. ¿Dónde voy a encontrar a alguien con quien me lleve tan bien como con Phoebe y Kate?

– ¿Qué tal Aisling? -preguntó Josh.

Bella lo miró, sorprendida. ¿Aisling?



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