Ese es nuestro principal servicio: la privacidad… que es la razón por la que no aceptamos el dinero de cualquiera. De hecho, cuando se trata de clientes, ellos no nos eligen a nosotros; nosotros les elegimos a ellos. Y, como la mayoría de los bancos, exigimos un depósito mínimo. La diferencia reside en que nuestro mínimo es de dos millones de dólares. Y eso es sólo para abrir la cuenta. Si usted tiene cinco millones de dólares, decimos, «Eso está bien, es un buen comienzo». A los quince millones, «Nos gustaría hablar». Y a los setenta y cinco millones y cifras superiores, llenamos el depósito del jet privado y vamos a verle personalmente, «Señor Drew, señor, sí, señor».

– Lo sabía -digo, señalando la pantalla-. Lapidus ni siquiera lo apuntó en el sistema. Seguramente se olvidó por completo de todo el asunto.

Utilizando otra de las contraseñas de Lapidus, tecleo rápidamente la primera parte de la solicitud.

– ¿Estás seguro de que puedes usar sin problemas su contraseña de ese modo?

– No te preocupes. Está todo controlado.

– Tal vez deberíamos llamar a Seguridad y Shep…

– ¡No quiero llamar a Shep! -insisto, conozco el resultado.

Charlie sacude la cabeza y vuelve a mirar la pantalla. Debajo de «Movimientos actuales» descubre tres desembolsos a través de cheques, todos ellos a nombre de «Kelli Turnley».

– Apuesto a que es su amante -dice.

– ¿Por qué? -pregunto-. ¿Porque tiene un nombre como Kelli?

– Será mejor que lo creas, Watson. Jenni, Candi, Brandi -es como un pase familiar a la mansión Playboy- muestra la «i» y tienes el paso libre.

– En primer lugar, estás equivocado. En segundo lugar, sin exagerar, es la cosa más estúpida que he oído en mi vida. Y en tercer…

– ¿Cómo se llamaba la primera amante de papá? Déjame pensar… era… ¿Randi?

Con un rápido movimiento, echo el sillón hacia atrás, empujo a Charlie del brazo y me marcho de su cubículo.



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