
Mi hermano me mira directamente a los ojos.
– Dime qué necesitas que haga -dice.
Sentado en la silla de Charlie, introduzco el nombre de usuario y la contraseña de Lapidus. Tal vez no esté en lo más alto del poste totémico, pero sigo siendo un asociado. El asociado más joven… y el único asignado directamente a Lapidus. En un lugar con sólo doce socios, esa circunstancia me lleva mucho más allá que a la mayoría. Lapidus, igual que yo, no creció con un fajo de billetes en el bolsillo. Pero el trabajo adecuado, con el jefe adecuado, le llevó a la Escuela de Administración de Empresas adecuada, que le lanzó hacia la cima en ascensores privados. Ahora está preparado para devolver el favor. Como me dijo el primer día, los planes sencillos son los que funcionan mejor. Yo le ayudo; él me ayuda. Como Charlie, todos tenemos nuestra forma de saldar las deudas.
Mientras me balanceo en el sillón, espero a que el ordenador haga su trabajo. Detrás de mí, Charlie está sentado en el brazo del sillón, apoyado en mi espalda y en el borde de mi hombro para no perder el equilibrio. Cuando inclino la cabeza hacia la derecha puedo ver nuestras imágenes combadas en la palilalia curva del ordenador. Si echo una mirada rápida, los dos parecemos unos críos. Pero en ese instante, la cuenta corporativa de Tanner Drew aparece en la pantalla… y todo lo demás desaparece.
La mirada de Charlie se clava directamente en el saldo: 126023164,27 dólares.
– ¡Bocadillos de mantequilla de cacahuete! Mi saldo es tan bajo que ya no pido refrescos con la comida, ¿y ese tío cree que tiene derecho a quejarse?
Resulta difícil discutirlo; incluso para un banco como el nuestro, es un montón de pasta. Por supuesto, decir que Greene & Greene es sólo un banco es como decir que Einstein era bueno en matemáticas.
Greene &. Greene es lo que se conoce como un «banco privado».
