El amor que estos personajes se profesan entre ellos sólo es posible debido a la infancia maravillosamente loca que compartí con mi hermana; Bobby, Dale y Adam Flam y Ami y Matt Kuttler ayudan en todo aquello que necesita ayuda y siempre me hacen sentir en familia; Judd Winick, socio en el crimen, compañero maquinador de la trama, y el amigo que me aportó el momento «eureka» que fue la simiente de este libro. Judd, te ofrezco toda la salutación (como Hawkeye en el último «M*A*S*H»). Gracias, Max; Noah Kuttlei, una de las primeras personas a la que recurrí, poi su notable paciencia, brillante intuición y su infinita capacidadpara desafiarme como escritor. Me siento abrumado por lo que aporta a las novelas y, lo que es más importante, a nuestra amistad; Ethan y Sally Kline, quienes han demostrado que incluso un océano entre nosotros no impedirá que me ayuden en lo que necesito, desde preparar la edición hasta los cambios en la trama; Paul Brennan, Matt Oshinsky, Paulo Pacheco, Joel Rose y Chris Weiss hicieron que este libro se mantuviese honesto. Su energía es fundamental para todo lo que escribo y espero que sepan realmente cuán importantes son para mí. Hermanos, sin duda. Chuck y Leonor Cohen, nuestra familia en Washington, D. C., quienes dieron un nuevo significado a la expresión «abrieron su hogar» al ceder su casa para el proceso creativo. Sin su ayuda no hubiese podido acabar este libro.

Cuando comencé a escribir esta novela, fue la primera vez que tuve que meterme en un mundo sobre el que no sabía absolutamente nada. Por esa razón le debo una enorme gratitud a las siguientes personas por haberme puesto al día: sin ninguna duda. Jo Ayn Joey Glazer fue la mejor profesora de investigación que cualquiera puede desear. Ella me guió a través de los detalles, me arrastró por los callejones escondidos y dio vida a uno de mis personajes favoritos.



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