

Alfredo Conde
Los otros días
© Alfredo Conde 1991
A Giuseppe Tavani
y a Giulia Lanciani
En la colmena, el individuo no es nada, no tiene más que una existencia condicional, no es más que un momento indiferente, un órgano alado de la especie. Toda su vida es un sacrificio total al ser innumerable y perpetuo del que forma parte. Es curioso observar que no siempre fue así.
Maurice Maeterlinck, La vida de las abejas, Libro Primero, Cap. VII.
Capítulo primero
En el día prescrito por el «espíritu de la colmena»
Maurice Maeterlinck, La vida de las abejas, Libro Segundo, Cap IV.
– Tiemblo, pero no de emoción, sino de Parkinson.
Reconozco que no se lo debí decir así, de forma tan brusca, cuando, al bajar del coche, vi aquel montón de gente que estaba esperando por mí y que había, entre toda ella, incluso, quien lo hacía ostentando una cara de satisfacción que no venía a cuento, quien hacía manifiesta su alegría y quien, por si fuera poco, lo hacía de su asombro, cuando no de su incredulidad. Pero ¿qué podrá haber de asombroso, o de increíble en un viejo que llega a cualquier parte?
Lo cierto es que preferiría haber podido llegar solo, sin nadie que me estuviese esperando. Encontrarme con mi propia soledad, y ocupar la vieja casa de una forma tranquila y sosegada, que así no iba a ser nunca posible e ir valiéndome por mí mismo de forma paulatina, hubiera sido, de verdad, lo preferible. Pero no fue así y no sé si deberé de culparme por ello; al fin y al cabo, ¿quién avisó de mi llegada?
Puede que todo esto que digo resulte ser, a la postre, una manía de viejo; pero así es. Una vez llegado a la edad provecta en la que me hallo, tiendo, con facilidad manifiesta, a sentirme culpable de casi todo.
