Lo que se narra en él, si algo se narra, es una historia infrecuente, pero de ninguna manera inverosímil. Entre otras cosas, porque se refiere a hechos comprobados, quizá más frecuentes de lo que creemos. Y desde luego por la condición de los personajes, que son reales e incluso conocidos por bastantes lectores. Sobre todos, la propia protagonista, que es a la vez la que lo escribe.

Quizá la forma de contar los hechos sea insólita, pero no más que los hechos que cuenta. El lector, por lo tanto, debe colaborar más que en otras ocasiones; debe comprender la evolución de una historia interior que sale de sí misma, pero no con la intención de ser leída. Consiste -eso sin duda- en el trayecto interior y exterior de una mujer en crisis que, por ser escritora, ella misma como personaje investiga. Quizá da por sabidos algunos extremos de su vida, o al menos no los recoge; pero con los datos que, sin proponérselo, suministra, tendrá el lector lo suficiente para adentrarse en ella y acompañarla en la búsqueda de sí misma. Si la vida no está sobre la literatura, y ésta no sirve para aquélla, debe ser olvidada o suprimida. Es lo que se hace aquí.

Su primera parte es reflexiva e íntima, como la asimilación de cualquier soledad; la segunda, un viraje total, puede resultar, en comparación con la anterior, vertiginosa, como la asimilación de cualquier desafío y de cualquier difícil historia de amor.

La autora de este libro -llamémosle así-, Deyanira Alarcón, no fue nunca una mujer sencilla de entender. En este caso lo demuestra mejor que en sus anteriores novelas, que llegaron al público con gran éxito y brillante acogida. Sencillamente porque aquí no es una novelista, es ella, entera y verdadera: una mujer que trata de explicarse a sí misma y de sobrevivir escribiendo, después de haber renunciado a ese tipo de literatura que sólo sirve como literatura. Este libro, cuya autora no pensó como tal sino como un espejo que hace aguas a veces y a veces refleja una superrealidad, es un texto disperso que, sin procurarlo, se transforma en una confesión veraz y estremecida.



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