
Si miramos la historia desde lejos eso es lo que veremos, la muerte en vida, como en el título de aquel texto de Vaneigem: «Aviso a los vivos sobre la muerte que los gobierna». No obstante, cuando nos acercamos un poco más, vemos latir la fuente de luz. «Fu, fu, mucha calma», dice la libélula.
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En un coloquio que tuvo lugar hace ya varios años en la librería madrileña El Buscón, alguien del público preguntó a Carmen Martín Gaite por la ira, «la ira del nudo» fue la expresión utilizada en alusión al momento en que, cosiendo, el hilo se hace un nudo sin haberlo querido, el momento en que ocurre algo de lo que no somos responsables directos pero sí indirectos y lo sucedido nos atranca el pecho y nos obliga a romper, a cortar o a comenzar de nuevo. Qué hacían sus personajes cuando les sobrevenía la ira del nudo, le preguntaron a Carmen Martín Gaite, pues ella apenas los mostraba en esa situación.
