
Dado que la Casa Blanca se ufana de su secretismo, debo un enorme agradecimiento a las siguientes personas que me permitieron fisgonear por allí: Steve Exclusivas Cohen, por… bueno… por ser «Exclusivo». Desde los intercambios de ideas sobre el argumento hasta la documentación y los detalles más insignificantes, Steve fue mi maestro de ceremonias; es osado e incisivo, y sin su instinto creador este libro no sería el mismo; muchas gracias, colega. Debi Mohile, cuyo ojo avizor me hizo ser sincero en (casi) cada página y cuyo gran sentido del humor siempre lo convirtió en un placer; nadie conoce la Casa Blanca como Debi; gracias por ponerte de mi parte. Mark Bernstein, una de las personas más agradables que hay, por enseñarme el resto del camino de primera mano y por recordarme el valor de los viejos amigos. Lanny Breuer, Chris Cerf, Jeff Connaughton, Vince Flynn, Adam Rosman y Kathi Whalen, que fueron mucho más allá del deber y nunca dejaron de usar su imaginación para contestar toneladas de preguntas inanes. Pam Brewington, Lloyd Cutler, Fred Fielding, Leonard Garment, Thurgood Marshall Júnior, Cathy Moscatelli, Miriam Nemetz, Donna Peel, Jack Quinn, Ron Saleh, Cliff Sloan, John Stanley y Rob Weiner, que fueron el resto de mi equipo de la Casa Blanca y que, al darme su tiempo, me dieron tantos grandes detalles e historias. Larry Sheafe y Chuck Vance, los chicos del Servicio Secreto más amables que se puede encontrar.
