Y a la Primera Hija, que tuvo la gran amabilidad de explicarme sus experiencias dentro de la burbuja (simplemente por el bien de la literatura), ¡gracias otra vez! El doctor Ronald K. Wright, por su fantástico asesoramiento forense. Pat Thacker, Anne Tumlinson, Tom Antonucci, Lily García y Dale Flam por su ayuda para los detalles. Marsha Blanco (que es simplemente increíble), Steve Waldron, Chuck Perso, Carol Rambo Ronai, Sue Lorenson, Dave Watkins, Fred Baughman, John Richard Gould, Rusty Hawkins, Philip Joseph Sirken y Jo Anne Patterson, por recibirme en la organización The Are y en el mundo del retraso mental (para más información: www.thearc.org); raramente me he sentido tan inspirado y tan completamente humilde. Y, por supuesto, a mi familia y amigos, cuyos nombres, como siempre, habitan estas páginas. Finalmente, me gustaría dar las gracias a toda la gente maravillosa y llena de talento de mi nueva editorial, Warner Books: Larry Kirshbaum, Maureen Egen, Tina Andreadis, Emi Battaglia, Karen Torres, Martha Otis, Chris Barba, Claire Zion, Bruce Paonessa, Peter Mauceri, Harry Helm, y a toda esa gente tan increíblemente amable que hizo de este libro una realidad y siempre logran que me sienta como parte de la familia. Gracias especialmente también a Jamie Raab, no sólo por su aportación editorial, sino por ser uno de nuestros mayores apoyos. Su calor y energía nunca dejan de asombrar. Finalmente, quiero dar las gracias a los dos editores que trabajaron en este libro, Rob Weisbach y Rob McMahon. Desde el principio, Rob Weisbach aportó su talento creativo a cada nivel de nuestra experiencia editorial, y no estaríamos aquí sin él; su influencia se nota en cada página y, aunque ya lo he dicho antes, vuelvo a decirlo: Rob tiene una auténtica misión y siempre es una bendición ser parte de ella; a él le debo mi carrera y agradezco su amistad. En Warner, Rob McMahon es un auténtico caballero que recogió la bola del proverbio y echó a correr con ella; no podríamos haber tenido más suerte: sus comentarios editoriales eran penetrantes hasta lo increíble y siempre me animaba a que llegase más allá de lo que me parecía posible; Rob, estaríamos perdidos sin ti. Así que, a Rob Weisbach y Rob McMahon: siempre apreciaré vuestra energía, pero os estoy mucho más agradecido por vuestra fe en mí.



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