Pero cada vez que mis ojos, a la vuelta de una nueva revisión de lo hecho, alcanzaban el «fin» floreado de algas que servía de colofón a aquella labor ejemplar, me hallaba menos orgulloso de lo hecho. Una verdad envenenaba mi satisfacción primera: y era que todo aquel encarnizado trabajo, los alardes de buen gusto, de dominio del oficio, la elección y coordinación de mis colaboradores y asistentes, habían parido, en fin de cuentas, una película publicitaria, encargada a la empresa que me empleaba por un Consorcio Pesquero, trabado en lucha feroz con una red de cooperativas. Un equipo de técnicos y artistas se había extenuado durante semanas y semanas en salas oscuras para lograr esa obra del celuloide, cuyo único propósito era atraer la atención de cierto público de Altas Alacenas sobre los recursos de una actividad industrial capaz de promover, día tras día, la multiplicación de los peces.

Me pareció oír la voz de mi padre, tal como le sonaba en los días grises de su viudez, cuando era tan dado a citar las Escrituras: «Lo torcido no se puede enderezar y lo falto no puede contarse.» Siempre andaba con esa sentencia en la boca, aplicándola en cualquier oportunidad. Y amarga me sabía ahora la prosa del Eclesiastés al pensar que el Curador, por ejemplo, se hubiera encogido de hombros ante ese trabajo mío, considerando, tal vez, que podía equipararse a trazar letras con humo en el cielo, o a provocar, con un magistral dibujo, la salivación meridiana de quien contemplara un anuncio de corruscantes hojaldres. Me consideraría como un cómplice de los afeadores de paisajes, de los empapeladores de murallas, de los pregoneros del Orvietano. Pero también -radiaba yo- el Curador era hombre de una generación atosigada por «lo sublime», que iba a amar a los palcos de Bayreuth, en sombras olientes a viejos terciopelos rojos… Llegaba gente, cuyas cabezas se atravesaban en la luz del proyector. «¡Donde evolucionan las técnicas es en la publicidad!» -gritó a mi lado, como adivinando mi pensamiento, el pintor ruso que había dejado poco antes el óleo por la cerámica-.



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