
– Quiere conocer al chico, para así conocer a su hija.
Asintió.
Dije:
– ¿Sabe lo que es un retrato robot, señor Hanniford? Probablemente lo habrá visto en artículos de periódicos. Cuando la policía tiene un testigo presencial, utiliza un sistema de transparencias superpuestas para reconstruir una foto compuesta de un sospechoso. ¿La nariz es así? ¿O se parece a esta otra? ¿Más grande? ¿Más ancha? ¿Cómo son las orejas? Y así con todos los rasgos de la cara.
– Sí, lo he visto.
– Entonces probablemente también habrá visto fotografías reales de los sospechosos junto a sus retratos robot. Nunca parecen coincidir, especialmente para alguien que no está entrenado. Pero hay una semejanza factual, y un oficial cualificado puede sacarle un gran partido. ¿Ve adónde quiero llegar? Usted quiere fotografías de su hija y del chico que la mató. Yo no puedo ofrecerle eso. Nadie puede. Puedo sacar a la luz los suficientes hechos e impresiones como para reconstruir retratos robot para usted, pero el resultado puede que no se aproxime a lo que realmente busca.
– Comprendo.
– ¿Quiere que me ponga en marcha?
– Sí. Sin duda.
– Puede que le resulte más caro que una de las grandes agencias. Ellas trabajarían por día o por hora, más gastos. Yo le pediré una cierta cantidad de dinero y de ahí sacaré para pagar mis propios gastos. No me gusta tomar notas, ni escribir informes, ni llamar por teléfono periódicamente para mantener al cliente contento si no hay nada que decir.
– ¿Cuánto dinero quiere?
Nunca sé cómo establecer los precios. ¿Cómo valorar tu tiempo cuando su único valor es personal? Y cuando has reestructurado deliberadamente tu vida para reducir al mínimo tu implicación en la vida de los demás, ¿cuánto le cargas al hombre que te obliga a implicarte en la suya?
