
– Quiero que me dé dos mil dólares ahora. No sé cuánto tiempo me llevará esto, o cuándo decidirá que ya ha visto suficiente del cuarto oscuro. Puede que le pida algún dinero más en algún momento de la investigación, o cuando haya acabado. Naturalmente, siempre tiene la opción de no pagarme.
Él sonrió de repente.
– Es usted un hombre de negocios muy poco ortodoxo.
– Supongo.
– Nunca se me ha presentado la ocasión de contratar a un detective, por lo que en realidad no sé cómo funciona. ¿Le importa si le pago con un cheque?
Le dije que un cheque estaba bien, y mientras él lo rellenaba, me vino a la mente la pregunta que había dejado pasar anteriormente.
Dije:
– ¿No llegó a contratar a un detective cuando Wendy desapareció de la escuela universitaria?
– No. -Levantó la vista-. No pasó mucho tiempo hasta que recibimos la primera de las dos postales. Había considerado la posibilidad de contratar a uno, naturalmente, pero una vez que supimos que estaba bien desechamos la idea.
– Pero seguían sin saber dónde se encontraba, o cómo estaba viviendo.
– Sí. -Volvió a bajar la vista-. Como es lógico, eso forma parte del motivo de que ahora esté buscando respuestas. -Volvió los ojos hacia los míos, y vi algo en ellos que me hubiera gustado sonsacar, pero no pude-. Necesito saber hasta qué punto soy culpable.
¿Pensaba realmente que iba a encontrar la respuesta a eso? Bueno, puede que encontrara algo, pero no sería la respuesta exacta. No existe la respuesta exacta para una pregunta tan ineludible.
Acabó de rellenar el cheque y me lo pasó. Había dejado en blanco el espacio que correspondía a mi nombre. Me preguntó si quería que me lo extendiera al portador. Le dije que si lo extendía a mi nombre estaba bien; volvió a destapar su bolígrafo y escribió «Matthew Scudder» en la línea de puntos. Lo doblé y me lo guardé en la cartera.
Dije:
– Señor Hanniford, hay algo que no me ha contado. Algo que no cree que sea importante, pero puede que lo sea. Piense qué puede ser.
