

David Liss
Los rebeldes de Filadelfia
Los rebeldes de Filadelfia
Traducción de Montserrat Gurguí Hernán Sabaté
Título original: The Whiskey Rebels
Para Eleanor y Simon
Capítulo 1

Ethan Saunders
Fuera hacía un tiempo de perros, lluvioso y frío, y aunque yo no había salido de la casa de huéspedes dispuesto a morir, las cosas habían cambiado. Después de beber más de la cuenta de aquella exquisitez de la frontera, el whisky de centeno del Monongahela, me había invadido una serena resolución. Un hombre llamado Nathan Dorland andaba buscándome, muy resentido, y preguntaba por mí en todas las posadas, locales de comidas y tabernas de la ciudad, sin esconder en absoluto su intención de darme muerte. Tal vez me encontrara aquella noche; si no, lo haría por la mañana o al día siguiente, pero no tardaría más. Era inevitable que diera conmigo, porque yo estaba decidido a no resistirme a la marea de la opinión general, que se inclinaba por que debía morir. Había resuelto someterme y desde hace mucho tiempo estoy convencido de la conveniencia de mantenerse fiel a un plan, una vez firmemente establecido.
Es un principio que cultivé durante la guerra. De hecho, lo aprendí observando al mismísimo general Washington. Eso fue en los primeros días de la guerra de la Independencia, cuando Su Excelencia aún creía que podría derrotar a los británicos en una batalla campal, al estilo de las europeas, enfrentando nuestras milicias indisciplinadas y mal equipadas al poderío de los soldados regulares británicos. Lo que Washington buscaba entonces era la victoria militar decisiva; de hecho, en esos primeros tiempos consideraba que esta era la única clase de victoria que merecía la pena. El general solía invitar a sus oficiales a cenar con él; bebíamos clarete, comíamos pollo asado y tomábamos sopa de tortuga y nos contaba cómo haríamos retroceder a los casacas rojas hasta Brooklyn, de modo que aquel desgraciado conflicto habría terminado antes del invierno.
