Con toda calma, Fabia bebía su café. Sí, decidió, lo había intentado, había hecho todo lo posible por Cara, pero… irritada empezó a cuestionarse. ¿Todo lo posible? ¿Era la verdad?

En ese momento no necesitaba la pesadilla de su conciencia, pero al continuar los sondeos, se preguntó en serio si en verdad era suficiente haberse presentado en la casa de Vendelin Gajdusek y nada más. Empezó a pensar en su querida hermana y todo lo que debía estar pasando, y, aunados el amor y los remordimientos, empezó a convencerse de que podía hacer algo más.

Para empezar se suponía que estaba de vacaciones, por amor de Dios, de modo que no tenía prisa alguna por regresar a su casa. Y además, teniendo en cuenta todo lo que esa entrevista significaba para su hermana, ¿no podía quedarse una semana más en Mariánské Lázne?

Fabia decidió esperar a que regresara Gajdusek, aun cuando no tenía ninguna garantía de que el escritor le concedería entonces la entrevista. Pero considerando la carta que, con las instrucciones, le había enviado Milada Pankracova a Cara, tal vez cumpliría con su promesa de verla a ella… o a su hermana.

La joven trataba de contrarrestar los sentimientos de miseria, al pensar que estaba mal, de parte del escritor, estar ausente cuando sabía que alguien iría desde Inglaterra sólo para verlo. De acuerdo, la cita se había acordado hacía dos meses, y era posible, suponía, que él o su secretaria hubieran llamado a la revista Verity, el miércoles, para dejar el recado de que había tenido que salir de viaje. No hubiera podido adivinar que la periodista que estaba esperando había decidido tomar el camino largo por carretera en vez de abordar un avión el jueves.

Se molestó con Vendelin Gajdusek, pero el enfado duró poco y desapareció, dejándola preocupada por Cara y Barney, y por la entrevista que ya debía haber concluido, pero que no había siquiera iniciado. Cualquiera le hubiera podido decir que tendría otra semana para sufrir agonías como la de ese día.



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