Esperó un momento y, cuando vio que se iluminó el rostro de la otra mujer, empezó a creer que por fin le responderían.

– Praga -anunció la mujer de uniforme.

– ¿Praga? -repitió Fabia esperando haber entendido-. ¿Dice usted que el señor Gajdusek está en Praga?

– Allí está -fue la increíble respuesta.

– ¡Allí está! -exclamó Fabia, y todavía no lo quería creer, pese a que la mujer asentía con la cabeza.

– Ano, sí -tradujo.

– ¡Pero si yo tengo cita con él! -protestó Fabia y comprendió que la mujer desconocía la palabra "cita". Como el hecho de encontrar otra palabra no iba a cambiar la situación, se preguntó si el escritor regresaría para cumplir con el compromiso o si se habría retrasado por algún motivo imprevisto. De modo que les preguntó:

– ¿Esperan que regrese hoy el señor Gajdusek? -y como vio que no comprendieron, señaló su reloj y volvió a preguntar-. ¿A qué hora lo esperan de regreso?

– Una semana -le informó la mujer dejándola atónita.

Diez minutos después, Fabia iba conduciendo de regreso al hotel, sintiendo incredulidad y asombro. Había insistido a la recamarera que le confirmara si había comprendido su última pregunta y de nuevo le había repetido "una semana". Fue en ese momento que Fabia recordó a Milada Pankracova con quien se había comunicado su hermana.

– ¿Está la secretaria del señor Gajdusek? -había preguntado.

– ¿Secretaria?

– Milada Pankracova.

– ¡Ah! -habían reconocido el nombre, pensó Fabia, animada-. No está -había añadido la mujer y Fabia creyó que eso quería decir que el señor Gajdusek había ido a Praga para un asunto de negocios y se había llevado a su secretaria con él. ¿Y entonces qué iba a pasar?

¿Qué podía hacer?, se preguntó y comprendió cuando llegó al hotel y entró al bar a tomar café, que tendría que regresar a Inglaterra cuanto antes. Había intentado hacer lo que le pidió Cara. De hecho, estuvo a punto de cumplir con ella desde el momento en que llegó a la casa de Vendelin Gajdusek a tiempo para la cita y además había tocado el timbre.



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