– ¡El mismo! -exclamó Cara-. Casi no puedo creerlo. Me pellizco, para saber si estoy dormida o despierta.

– ¿Pero, creí que él nunca otorgaba entrevistas? -recordó Godfrey Kingsdale.

– Así es -asintió Cara-. Por eso mismo es tan extraordinario que después de semanas y semanas de acaramelar a su secretaria por fin logré convencerlo. Todavía no lo puedo creer, aunque tenga yo aquí la carta para probarlo.

Los siguientes minutos todos la felicitaron ya que comprendían que había sido un gran logro. Luego la señora Kingsdale preguntó:

– ¿Tendrás que ir a su hotel a entrevistarlo?

– ¿Hotel? -dijo Cara, pero de inmediato comprendió-. Ah, él no vendrá a Inglaterra, yo debo ir a Checoslovaquia.

– ¡Checoslovaquia! -exclamó la señora.

– Está en Europa Oriental, mamá, no en Marte -Cara se rió, todavía muy entusiasmada por las noticias de esa mañana.

– ¿Y Barney está de acuerdo con que vayas? -preguntó Norma.

– Él está más emocionado que yo -respondió Cara, revelando que le había llamado por teléfono cuando se enteró de la noticia-. Y no, mamá, no le importa. Mientras yo esté feliz en mi profesión, él me apoyará -sonrió para no dar la impresión de que le fastidiaba el hecho de que su madre pensara que debería dedicarse más a su hogar, porque ya estaba casada-. Además, como lo más pronto que me puede recibir el señor Gajdusek es la primera semana de abril, todo ha resultado perfecto.

– ¿No tenía Barney que ir a los Estados Unidos a finales de marzo? -intercaló Fabia.

– Te acordaste -Cara sonrió y le reveló-. En realidad estaba preocupada al pensar en qué iba a hacer durante las cuatro semanas que él estaría de viaje, ya me acostumbré a tenerlo en casa -admitió, aunque todos pensaban lo contrario-. Ahora ya hice planes para pasar con él las dos últimas semanas, juntos, como en una especie de vacaciones, pero las dos primeras semanas… -se quedó pensando y miró a Fabia-. Acabo de tener una maravillosa idea, ¿por qué no me acompañas a Checoslovaquia?



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