Fabia no podía pensar más que en la "Experiencia Checoslovaca", cuando se despidió de sus padres junto a su auto.

– Recuerda hija que debes…

– No te preocupes, mamá -Fabia sonrió a su madre que estaba preocupada-. Ya conoces a Cara, es de lo más eficiente, todo saldrá a la perfección.

Sólo unas horas después Fabia deseó, con todo su corazón, haber tocado madera cuando hizo esa declaración. Porque algo había salido mal. ¡Muy mal y todavía antes de salir de Londres!

Contenta, sonriente y confiada, había quitado de su frente unos cabellos, largos y rubios y los había puesto detrás de la oreja y esperaba que su hermana fuera a abrirle la puerta.

La sonrisa en su rostro se desvaneció de pronto en el momento en que Cara abrió la puerta y contempló la desusual palidez de su rostro y las señales, casi inequívocas, de que había estado llorando.

– ¡Cara! ¡Cariño! ¿Qué te pasa? -entró al apartamento con ella.

– ¡No puedo ir! -exclamó a secas.

Fabia se estremeció, pero estaba más interesada en ese momento en averiguar qué podía hacer para ayudar en lo que fuera y por lo que fuera, que preocupada porque parecía que su anticipado y emocionante viaje a Checoslovaquia no se llevaría a cabo.

– ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido?

– Barney… está enfermo -respondió con angustia; había llorado bastante, pero ya estaba más controlada.

– ¡No! ¡No, cariño! -se lamentó Fabia y abrazó a la joven, luego ambas tomaron asiento-. ¿Qué le pasa? -preguntó rogando a Dios que no fuera algo grave.

– Todavía no lo saben. Me llamaron por teléfono hace como tres cuartos de hora. Ha contraído algún virus y está delirando de fiebre mientras los doctores hacen lo imposible por averiguar qué es lo que tiene.



7 из 139