
– Si pasa algo -dijo Max-, ya nos veremos.
Esta vez ella frunció el ceño con claridad. Un adiós así, una actitud negativa semejante, nunca había formado parte del ritual.
– ¿Qué pasa, Max? ¿Por qué estás tan nervioso?
Max la miró y se encogió de hombros.
– Supongo que porque es el final.
Max trató de sonreír, le acarició la cara y se inclinó hacia ella. La besó en la mejilla y enseguida movió sus labios hasta los de la joven. Pasó la mano por debajo de la mesa, donde nadie podía verle, y subió un dedo por el muslo de ella, siguiendo la costura de los tejanos. Entonces, sin que mediara palabra, se volvió y salió del salón. Empezó a caminar por el casino hacia los ascensores, y ella lo vio desaparecer. El no miró atrás. No mirar atrás formaba parte del ritual.
Capítulo 1
La casa de Lookout Mountain Road estaba apartada de la calle, acurrucada contra el empinado terraplén del cañón. Eso le permitía disponer de una considerable extensión plana de césped desde el amplio porche hasta la cerca blanca que lindaba con la acera. No era habitual en Laurel Canyon contar con un jardín tan inmenso, y menos tan plano, ni por delante ni por detrás. Ese terreno de césped sería el argumento clave en la venta de la finca.
La casa, según se había anunciado en la sección inmobiliaria del Times, iba a mostrarse desde las dos hasta las cinco de la tarde. Cassie Black aparcó junto al bordillo diez minutos antes de las dos y no vio ningún coche en el sendero de entrada, ni señales de actividad en la vivienda.
