
Lo único que de hecho vio y oyó fue que Dorita pedía perdón, aunque Luzmila no sabía por qué (puesto que el incidente de dos semanas atrás no se conectaba causalmente en la imaginación de Luzmila con el incidente que ahora presenciaba). A Luzmila le había desconcertado terriblemente la ausencia de Dorita; con desconcierto puro; no como aquello que trastorna un plan o un proyecto determinado, sino como aquello que desconcierta pura y simplemente. Este puro desconcierto se cancelaba automáticamente ahora con la pura alegría sin objeto de la vuelta de Dorita, como dos cosas cuantitativa y cualitativamente iguales se cancelan entre sí. «Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.» Esta frase había sorprendido siempre a Luzmila porque Luzmila nunca había llegado a descubrir del todo quiénes podían ser en este mundo sus deudores. Luzmila pensaba que nadie le debía nada. Ni los deudores ni los enemigos entran en la verdadera soledad. Ahí sólo entra la enemistad sin enemigos y la falta sin culpables. No hizo falta, pues, que Luzmila perdonara a Dorita. Y le regaló en esa ocasión trescientas pesetas y Dorita vio el sobre de billetes de banco de Luzmila. Se asombró tantísimo Dorita al verlo, que pudo verse la espalda del silencio encorvándose y los claros de las arboledas del polvo del cuarto de Luzmila brillando como nevadas de alfileres fantasmas.
La noche siguiente, cuando Luzmila salió al retrete, Dorita cogió cuarenta duros. En ese momento nació en Dorita la vergüenza, esa misma vergüenza que se volvería años más tarde, para todos los demás, menos para la propia Dorita, desvergüenza. Y de la vergüenza nació, como un buen sentimiento, o por lo menos como un sentimiento fácil e inmediato, la idea de compensar a Luzmila de algún modo porque la idea de compensar de algún modo es de inmediato presente, como posibilidad, en el desequilibrio que sigue a La caída. Para compensar de algún modo a Luzmila por el hurto, comenzó Dorita a copiar en la piel y ternura no saciada de Luzmila las líneas ambiguas del amor.