Un viejo ermitaño fue invitado en cierta ocasión a la corte del rey más poderoso de la época. -Siento envidia de un hombre santo que se conforma con tan poco -dijo el rey. -Siento envidia de Vuestra Majestad, que se conforma con menos que yo -respondió el ermitaño. -¿Cómo me dices eso si todo este país me pertenece? -replicó el rey, ofendido. -Justamente por eso -contestó el viejo ermitaño-. Yo tengo la música de las esferas celestes, tengo los ríos y las montañas del mundo entero, tengo la luna y el sol, porque tengo a Dios en mi alma. Vuestra Majestad, sin embargo, sólo tiene este reino.

– Vamos hasta la montaña en la que mora Dios -comentó un caballero a su amigo-. Quiero demostrar que Él sólo sabe pedir, y que no hace nada por aliviar nuestra carga. -Voy para demostrar mi fe -dijo el otro. Llegaron por la noche a lo alto del monte y escucharon una voz en la oscuridad. -¡Cargad vuestros caballos con las piedras del suelo! -¿Ves? -dijo el primer caballero-. Después de subir tanto, aún nos hace cargar con más peso. ¡Jamás obedeceré! El segundo caballero hizo lo que la Voz decía. Cuando acabaron de bajar el monte, llegó la aurora y los primeros rayos de sol iluminaron las piedras que el caballero piadoso había recogido. Eran diamantes puros. Dice el maestro: Las decisiones de Dios son misteriosas, pero siempre son a nuestro favor.

Dice el maestro: Querido discípulo, he de darte una noticia que tal vez todavía no sepas. Pensé en suavizarla, en pintarla de colores más brillantes, llenarla de promesas del Paraíso, visiones de lo Absoluto, explicaciones esotéricas pero, aunque todo eso exista, no viene ahora al caso. Respira profundamente y prepárate. Debo ser directo y franco, y puedo asegurarte que tengo la absoluta certeza de lo que estoy diciendo. Es una previsión infalible, sin margen de error. La noticia es la siguiente: vas a morir. Puede ser mañana, o dentro de cincuenta años, pero, tarde o temprano, vas a morir. Aunque no estés de acuerdo. Aunque tengas otros planes. Piensa cuidadosamente lo que vas a hacer hoy. Y mañana. Y el resto de tus días.



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