
Dice el maestro: Hoy estaría bien hacer algo fuera de lo común. Podemos, por ejemplo, bailar por la calle mientras nos dirigimos al trabajo. Mirar a los ojos a un desconocido y hablar de amor a primera vista. Sugerirle al jefe una idea que puede parecer ridícula, pero en la que creemos. Comprar el instrumento que siempre quisimos tocar, pero nunca nos atrevimos. Los guerreros de la luz se permiten días así. Hoy podemos llorar por algunas viejas penas que aún están presas en nuestra garganta. Llamaremos a alguien a quien juramos que no volveríamos a hablar, pero de quien desearíamos escuchar un mensaje en nuestro contestador automático. Hoy puede considerarse como un día fuera de la agenda en la que escribimos todas las mañanas. Hoy cualquier falta será admitida y perdonada. Hoy es día de sentir alegría por la vida.
El científico Roger Penrose caminaba con algunos amigos, conversando animadamente. Guardaron silencio un solo momento, para cruzar la calle. -Recuerdo que, mientras cruzaba, se me ocurrió una idea increíble -dice Penrose-. Sin embargo, al llegar a la otra acera, retomamos el asunto pero no conseguí recordar lo que había pensado unos segundos antes. Hacia el final de la tarde, Penrose empezó a sentirse eufórico, sin entender por qué. -Tenía la sensación de que algo importante me había sido revelado -dice. Decidió recapitular cada minuto del día y, al recordar el momento en el que cruzaba la calle, la idea volvió. Esta vez consiguió escribirla. Era la teoría de los agujeros negros, una verdadera revolución de la física moderna. Volvió a surgir porque Penrose consiguió acordarse del silencio que guardamos siempre que cruzamos una calle.
