
Algunas bolsas plásticas pendían de la silla de ruedas. En el camino, nos contó que aquellas eran todas sus pertenencias, dormía contra las vidrieras, y vivía de la caridad ajena.
Llegamos al lugar indicado. Allí había otros mendigos. La mujer de la silla de ruedas sacó de uno de los plásticos dos paquetes de leche Larga Vida, y se los entregó a ellos.
"Hacen caridad conmigo, yo necesito hacer caridad con los otros", fue su comentario.
DE LA RENOVACION
En el desierto de Mojave, era frecuente encontrarnos con las famosas ciudades – fantasma: construidas cerca de minas de oro, eran abandonadas cuando todo el producto de la tierra había sido extraído. Había cumplido su papel, y no tenía más sentido continuar siendo habitadas.
Cuando paseábamos por una floresta, también vimos árboles que – una vez cumplido su papel, terminaban cayendo. Pero, a diferencia de las ciudades -fantasma, ¿qué les sucedería? Abrirán espacio para que la luz penetre, fertilizarán el suelo, y tendrán sus troncos cubiertos de vegetación nueva.
Nuestra vejez va a depender de la manera en la que vivimos. Podemos terminar como una ciudad fantasma. O entonces como un generoso árbol, que continúa siendo importante, aún después de su caída a la tierra.
DEL TÉ
En Japón participé de la conocida "ceremonia del té". Se entra en un pequeño cuarto, el té es servido y nada más. Sólo que todo es hecho con tanto ritual y protocolo, que una práctica cotidiana se transforma en un momento de comunicación con el Universo.
El maestro del té, Okakusa Kasuko, explica lo que sucede: "la ceremonia es la adoración de lo bello y de lo simple. Todo se esfuerzo se concentra en la intención de obtener la perfección a través de los gestos imperfectos de la vida cotidiana. Toda su belleza consiste en el respeto con el que es realizada".
Si un mero encuentro para beber té nos puede transportar hasta Dios, que se puede decir de las otras oportunidades que acontecen todo el día, y no nos damos cuenta.
