
CAPÍTULO
Hospital de Santa Catalina
Atenas, Grecia
Melis Nemid tiene conmoción cerebral -dijo Wilson -. Uno de los tripulantes de Lontana la trajo tras la explosión. Los médicos creen que se va a recuperar pero lleva veinticuatro horas inconsciente.
– Quiero verla – Kelby siguió caminando por el pasillo -. Búscame un permiso.
– Quizá no me hayas oído, Jed. Está sin sentido.
– Quiero estar allí cuando despierte. Tengo que ser el primero en hablar con ella.
– Este hospital es muy estricto. Y tú no eres un familiar. Quizá no te dejen entrar en su habitación hasta que no recobre totalmente la conciencia.
– Convéncelos de que lo hagan. Me da lo mismo si tienes que darles un soborno tan grande como para comprar el hospital. Y controla a la guardia costera a ver si ya han localizado el cuerpo de Lontana. Después encuentra al hombre que trajo aquí a la hija de Lontana e interrógalo. Quiero saber todos los detalles de lo que le ocurrió a Lontana y al Ultimo hogar. ¿En qué habitación está ella?
– En la veintiuno. -Dudó un momento -. Jed, la chica acaba de perder a su padre. Por dios, ¿cuál es la prisa?
La prisa se debía a que por primera vez en varios años a Kelby le habían dado esperanzas y ahora se las quitaban. Que lo partiera un rayo si dejaba que eso pasara.
– No voy a someterla a un tercer grado. Según una de tus frases favoritas, eso no sería productivo. Tengo cierto tacto.
– Cuando te conviene. – Wilson se encogió de hombros -. Pero harás lo que decidas hacer. Está bien, primero hablaré con las enfermeras y después intentaré averiguar algo más sobre la explosión.
Lo que probablemente no sería gran cosa, pensó Kelby. Según el boletín informativo que había oído camino al hospital, la explosión había destrozado la nave. El había llegado el primero al sitio del desastre pero allí no había prácticamente nada que recobrar. Por el momento, el hecho se consideraba un accidente pero no lo parecía. Habían tenido lugar dos explosiones en extremos opuestos de la nave.
