Alí, así se llamaba el hijo de puta.

– Levántate, Kelby. -Hassan estaba de pie junto a él-. ¿Está listo el perro americano para recibir su paliza?

Kelby gruñó.

– Levántalo, Alí. Está demasiado débil para ponerse de pie y enfrentarse de nuevo a nosotros.

Alí sonreía al llegar junto a Hassan.

– Esta vez se quebrará. Podremos llevarlo arrastrando a Bagdad para que todo el mundo vea qué clase de cobardes son los americanos.

Se agachó para agarrar la camisa de Kelby.

– ¡Ahora! -El pie de Kelby salió disparado hacia arriba y fue a dar con las pelotas de Alí. A continuación rodó hacia un lado barriendo las piernas del árabe.

Oyó que Hassan mascullaba un taco mientras él se incorporaba. Se puso a espaldas de Alí antes de que este pudiera ponerse de rodillas y su brazo se cerró en torno al cuello del guardián.

Se lo quebró con un solo movimiento.

Se giró rápidamente para ver cómo Nicholas le rompía la cabeza a Hassan con la Uzi. Salpicó la sangre. Nícholas volvió a golpearlo.

– Vamos fuera -Kelby agarró la pistola y el cuchillo de Alí y corrió hacia la puerta – No pierdas el tiempo con él.

– Él perdió mucho tiempo contigo. Quería cerciorarme de que se marchara con a Alá.

Pero echó a correr por el pasillo detrás de Kelby.

En la oficina del frente otro guardia se puso de pie de un salto y llevó la mano a su pistola. Kelby le cortó el gaznate antes de que pudiera levantarla.

A continuación salieron de la choza y echaron a correr hacia las colinas.

Disparos a sus espaldas.

Sigue adelante.

Nicholas miró por encima del hombro.

– ¿Estás bien?

– Perfectamente. Sigue corriendo, demonios. Un dolor agudo en su costado.



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