—Una gran inversión —susurró la voz distante, más allá de las estrellas—. Lo hemos entrenado durante muchos años. Queremos un rédito por esa inversión…, así como usted nos lo ha producido. Determine la causa de sus dificultades. Convénzalo para que regrese o, al menos, díganos por qué se niega a hacerlo. Él ignora las órdenes directas. Ópalo y Sismo necesitan gente desesperadamente, y las leyes de Dobelle prohíben la extradición.

—Él no me dirá nada. ¿Por qué habría de hacerlo?

—Irá a Dobelle como su supervisor. Hemos tomado medidas para que se cree una posición superior dentro de la oligarquía imperante. Usted la ocupará. Estamos de acuerdo en que Perry no revelará sus motivos con un simple interrogatorio. Eso ya se ha intentado. Utilice su propia fuerza. Utilice su sutileza y su iniciativa. —La voz se detuvo—. Utilice su ira.

—No estoy enfadado con Perry.

Rebka formuló más preguntas, pero no encontró ningún esclarecimiento en las respuestas. La misión todavía no tenía ningún sentido. El comité central del Círculo Phemus podía malgastar sus fondos si lo deseaba, pero era un error estúpido desperdiciar el talento de Rebka —él carecía de falsa modestia—, cuando un psiquiatra parecía más apropiado para alcanzar el objetivo. ¿O ya habrían intentado eso también?

Hans Rebka bajó las piernas de la litera y se acercó a la ventana. Miró hacia arriba. Después de un viaje de tres días a través de cinco nodos del Sistema Bose y de una última fase subluminal, finalmente había aterrizado en el hemisferio Estrellado de Ópalo. Pero Estrellado era una broma sin gracia. A pesar de que aún no había amanecido, no se veía ni una sola estrella. En esa época del año, cerca de la Marea Estival, era raro que se abriesen las nubes en Ópalo. Al acercarse al planeta no había visto nada a excepción de un globo uniforme y brillante. El mundo entero era agua, y cuando Dobelle alcanzaba su punto más próximo a Mandel, su estrella primaria, las mareas estivales alcanzaban su punto culminante y los océanos de Ópalo jamás veían el sol. Los únicos sitios seguros eran las Eslingas, masas flotantes naturales de tierra y vegetación enmarañada que se movían por la superficie de Ópalo impulsadas por los vientos y las mareas.



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