Todo eso había hecho. Y de pronto —en su mente la confusión dio paso a la ira, que seguía siendo su amiga— era degradado. Sin una palabra de explicación, era despojado de todas sus verdaderas responsabilidades y enviado a un mundo lejano e insignificante, donde debería actuar como niñera o padre confesor de alguien diez años menor que él.

—¿Pero quién es Max Perry? ¿Por qué es importante?

Había formulado esa pregunta durante su primera entrevista, en cuanto el doblete planetario de Dobelle se convirtió en algo más que un nombre para él. Ya que Dobelle era un lugar insignificante. Sus componentes planetarios gemelos, Ópalo y Sismo, que orbitaban a una estrella de segunda clase lejos de los centros principales del brazo espiral, eran casi tan pobres como Teufel.

Mundohirviente, Desolación, Teufel, Styx, Calderón… Algunas veces a Rebka le parecía que la pobreza era su único vínculo, el lazo que mantenía unidos a los mundos del Círculo Phemus, separándolos de sus vecinos más adinerados. Y, a juzgar por los registros, Dobelle era un miembro meritorio del club.

También le fue entregada la hoja de servicios de Perry, para que la estudiase a su conveniencia. Como era típico en él, Hans Rebka lo hizo de inmediato. No parecía tener mucho sentido. Max Perry provenía de unos orígenes tan humildes como los suyos. Era un refugiado de Mundohirviente y, al igual que Rebka, había progresado rápidamente, al parecer ligado a un trabajo en el mismísimo gobierno del Círculo. Como parte del proceso general que preparaba a los futuros líderes, había sido enviado a efectuar un año de servicio en Dobelle.

Siete años después todavía no había regresado. Cuando se le ofrecían promociones, él las rechazaba. Cuando se ejercían presiones para alentarlo a que abandonase Dobelle, él las ignoraba.



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