
Aunque se habían abandonado todos los esfuerzos por explorar Paradoja, últimamente los visitantes de la región habían estado informando sobre algunos cambios. La burbuja era diferente en su aspecto externo y tal vez en su condición interna. Un nuevo intento podía verse coronado por el éxito.
Era una misión peligrosa, pero Hans Rebka la había esperado con ansiedad. Se había propuesto como voluntario, y había sido aceptado como líder del equipo.
Y entonces había llegado la llamada; justo el día anterior al descenso en Paradoja.
«Una misión alternativa…» La voz era débil y susurrante, reducida en su espectro de frecuencia por su paso a través del sistema de comunicaciones Bose. «… al sistema planetario doble de Dobelle. Debe partir sin demora…»
La voz debilitada por el espacio no sonaba nada autoritaria, pero la orden provenía del más alto nivel gubernativo del Círculo Phemus. Y era una misión para Rebka solo; sus compañeros procederían a explorar Paradoja. Al principio, el hecho de ser escogido de ese modo le sonó como un honor, un privilegio. Pero, cuando la misión le fue explicada, comenzó su confusión.
El conocía su talento. Era muy bueno creando y resolviendo dificultades. Podía pensar e improvisar soluciones rápidas para problemas difíciles; era un producto típico de su mundo natal, Teufel.
«¿Qué pecados debe cometer un hombre, y en cuántas vidas pasadas, para nacer en Teufel?» Medio brazo espiral conocía ese dicho. Al igual que todos los planetas del Círculo Phemus, Teufel era pobre en recursos y pobre en metales.
