
Una vivaracha roja de Tharsis llamada Irishka salió a recibirlos en un pequeño rover y los guió a través del laberinto de almacenes y pequeñas tiendas que rodeaban la intersección de la pista ecuatorial con la que rodeaba el borde. Mientras la seguían, les fue describiendo la situación local. La mayor parte de Sheffield y el resto de los asentamientos del borde de Pavonis estaban ya en manos de los revolucionarios marcianos. Pero no así el ascensor espacial y los barrios que rodeaban el complejo de su base, y ahí estaba el problema. Las fuerzas revolucionarias de Pavonis estaban formadas en su mayoría por milicias mal equipadas que no necesariamente compartían los mismos objetivos. Que hasta aquel momento hubiesen tenido éxito se debía a numerosos factores: la sorpresa, el control del espacio marciano, varias victorias estratégicas, el apoyo masivo de la población marciana y el hecho de que la Autoridad Transitoria de las Naciones Unidas fuese reacia a abrir fuego contra los civiles, aunque se manifestaran en masa por las calles. Como resultado, las fuerzas de seguridad de la UNTA se habían replegado en todo Marte para reagruparse en Sheffield, y en ese momento muchos atestaban las cabinas del ascensor que subían a Clarke, el asteroide de lastre y estación espacial que había al final del ascensor. El resto se apiñaba en los barrios que rodeaban el enorme complejo de la base, llamado el Enchufe. Ese distrito lo constituían las instalaciones de soporte del ascensor, los almacenes industriales y los albergues, dormitorios y restaurantes necesarios para alojar y alimentar a los obreros del puerto.
