
McCaleb se fijó en que el jefe de la investigación había sido el detective Harry Bosch. Años antes, McCaleb había trabajado con Bosch en un caso, una investigación en la que todavía pensaba con frecuencia. Bosch había sido brusco y reservado a veces, pero sin duda era un buen policía, con intuición, instinto y excelentes dotes de investigador. De hecho, habían conectado de algún modo en la agitación emocional que el caso había provocado en ambos. McCaleb anotó el nombre de Bosch en la libreta para acordarse de llamar al detective por si tenía alguna idea sobre el caso.
Volvió a leer los resúmenes. Considerando el historial de Gunn de relación con una prostituta, el siguiente paso de Winston y Mintz fue investigar el registro de llamadas telefónicas de la víctima, así como los cheques y las compras con tarjeta de crédito en busca de indicaciones de que hubiera seguido manteniendo tratos con prostitutas. No había nada. Patrullaron tres noches por Sunset Boulevard junto con dos agentes de la brigada anti-vicio del Departamento de Policía de Los Ángeles, deteniéndose a interrogar a las prostitutas callejeras, pero ninguna admitió reconocer al hombre en las fotos que la hermana de Gunn había prestado a los detectives.
Los detectives revisaron los anuncios de contactos de la prensa local en busca de anuncios de Gunn. Una vez más se encontraron en un callejón sin salida.
Finalmente, los detectives siguieron la remota pista de investigar a la familia y las compañeras de la prostituta muerta seis años antes. Aunque Gunn no llegó a ser acusado, existía la posibilidad de que alguien no creyera que había actuado en defensa propia; alguien interesado en ajustarle las cuentas.
