
Pero esto también era un callejón sin salida. La familia de la víctima era de Filadelfia y había perdido el contacto con la joven años antes. Ningún pariente se había presentado siquiera a reclamar el cadáver antes de que fuera incinerado a cargo de los contribuyentes. No había ninguna razón para que buscaran venganza por un asesinato de seis años antes cuando ni siquiera se habían preocupado por él.
La investigación se había topado con la pared una vez tras otra. Un caso que no se resolvía en las primeras cuarenta y ocho horas tenía menos de un cincuenta por ciento de posibilidades de solucionarse. Un caso no resuelto en dos semanas era como un cadáver sin reclamar en el depósito: iba a quedarse en la nevera durante mucho tiempo.
Y por eso Winston había acudido finalmente a McCaleb. El era el último recurso en un caso sin esperanza.
Después de terminar con los resúmenes, McCaleb decidió tomarse un descanso. Miró el reloj y vio que eran casi las dos. Abrió la puerta del camarote y subió al salón. Las luces estaban apagadas. Buddy, al parecer, se había ido a acostar en el camarote principal sin hacer ningún ruido. McCaleb abrió la nevera y miró en el interior. Había un retráctil de seis cervezas que habían quedado de la excursión de pesca, pero no le apetecía. Había también un brick de zumo de naranja y agua mineral. Cogió el agua y atravesó el salón para ir al puente de mando. Siempre hacía frío en el agua, pero esa noche parecía especialmente gélida. Cruzó los brazos ante el pecho y miró a través del puerto y hacia la colina hasta la casa donde su familia dormía. Sólo había una bombilla encendida en la terraza de atrás.
Sintió una punzada de culpa. Sabía que a pesar del profundo amor que sentía por la mujer y los dos niños que descansaban tras aquella solitaria luz, prefería estar en el barco con el expediente de un asesinato que durmiendo en la casa. Trató de apartar esta idea y las preguntas que planteaba, pero no logró ocultarse a sí mismo la conclusión esencial de que había algo que fallaba en él, algo que faltaba. Era algo que le impedía aceptar aquello por lo que luchan la mayoría de los hombres.
