Volvió al interior de la embarcación. Sabía que sumergirse en los informes del caso le haría olvidar la sensación de culpa.


El informe de la autopsia no contenía sorpresas. La causa de la muerte era, como McCaleb había adivinado al ver el vídeo, hipoxia cerebral debida a la compresión de las arterias carótidas por estrangulación por ligadura. La hora de la muerte se fijó entre la medianoche y las tres de la mañana del 1 de enero.

El ayudante del forense que realizó la autopsia señaló que las lesiones internas en la garganta eran mínimas. Ni el hueso hioide ni el cartílago tiroideo presentaban roturas. Este hecho, unido a las múltiples marcas de atadura en la piel, llevaron al forense a concluir que Gunn se había estrangulado lentamente a sí mismo mientras intentaba desesperadamente mantener la posición de los pies detrás de la espalda, a fin de que el nudo no se cerrara con fuerza en torno a su cuello. Las conclusiones de la autopsia sugerían que la víctima podía haberse debatido en esa posición durante unas dos horas.

McCaleb pensó en ello y se preguntó si el asesino habría permanecido en el apartamento durante todo ese tiempo, contemplando la agonía desesperada de la víctima. O tal vez había preparado la ligadura y se había marchado,, posiblemente para poner en marcha algún tipo de coartada; quizá había acudido a una fiesta de fin de año, con objeto de tener numerosos testigos dispuestos a declarar que estaba con ellos en el momento de la muerte de la víctima.

Entonces recordó el cubo y decidió que el asesino se había quedado. Cubrir la cabeza de la víctima era algo frecuente en los asesinatos con motivación sexual o de rabia: el agresor cubre la cara de la víctima como forma de deshumanizar a ésta y evitar el contacto visual.



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