
DYLAN THOMAS
– ¿Qué hay más allá del honor?
– Nada.
– ¿Y qué es la nada, soldado?
– La nada es…
– ¡Nada! Eso mismo, ¡nada! Y se equivoca, porque más allá del honor está la muerte.
– Pero…
– La muerte es más que la nada, porque en la muerte se lava el honor.
– Yo he perdido el mío, señor.
– Entonces, ya sabe lo que debe hacer.
El soldado mira a su general con desconcierto. Le tiembla el aliento que necesita para no flaquear. También le tiembla la mano derecha con la que toma el arma que el otro le entrega como un mandato divino. Hay un silencio en el que la duda quisiera instalarse para dar tiempo, pero el soldado no quiere ese instante de reflexión que puede salvarlo y perderlo a la vez. El soldado no elige; sólo ve esa arma en la que se condensan todas las verdades del universo. Ni siquiera piensa que su falta no ha sido tan grave, ni que su muerte no terminará con la vergüenza. No puede ver que el que se termina es él y empieza para otros un calvario eterno.
El general da unos pasos hacia atrás y espera. El soldado levanta el arma hasta la sien, mira al otro que mueve levemente las cejas. Con la mano izquierda sostiene el codo; el corazón se le desacata. Busca el hueso y afirma el metal contra la piel, abre la boca como si fuera a escapársele el alma, pero no es más que un grito para infundirse valor.
– ¡Vooooyyyy!
Y aprieta el gatillo.
El silencio duele. Tendido sobre la alfombra, el soldado muerto cree que su honor se ha salvado. En los segundos que siguen al disparo, la nada crece, los va tragando, y hay una conciencia imperceptible de la futilidad, del absurdo. El general sigue perdido en su peculiar campo de batalla donde blanco y negro dirimen con torpeza lo bueno y lo malo. Camina hacia el soldado y se detiene junto al cuerpo; patea con suavidad sus piernas y el otro no puede reprimir una sonrisa. El general se le echa encima y le hace cosquillas bajo las axilas. Los dos ruedan sobre la alfombra; la risa se vuelve incontenible hasta que el soldado pide clemencia, que lo deje respirar. El general es seis años mayor y ya tiene una sombra gris que pronto será bigote. También por esto lo admira el soldado.
