Tadeo encuentra, por fin, el revólver de juguete y lo devuelve al baúl.

– Es por mamá -dice.

– Mamá también piensa que el honor es importante. ¡A dormir!


La felicidad se mide al abrir los ojos por la mañana. Si acomete como un aguijonazo bestial la conciencia y se monta con su peso insoportable la vida, eso que se llama vida y que nunca es más que una sucesión de rutinas cada tanto interrumpidas por algún hecho excepcional, si eso sucede, quizá sea porque la felicidad anda lejana y esquiva. Pero, ¿qué significa ser feliz?, se preguntaba Tadeo con la sospecha de que sería ponerse más allá de ese tinglado de convenciones en el que transcurrían sus días. Su andar se había transformado en eso: una serie de rutinas en las que apenas reconocía al niño ilusionado que alguna vez fue.

Esa mañana se levantó con el propósito de que fuera la última. Mucha gente se suicida; ni siquiera pasaría a la historia por eso. Quizá todas las personas, en algún momento, fantaseen con el impulso de tirarse por la ventana, aunque algunos lo nieguen mientras encienden un cigarrillo detrás de otro. A él no lo avergonzaba admitirlo. Al suicidio, a la decisión de hacerlo había llegado después de mucho pensar, aunque en el momento final quizá no existiera ningún pensamiento. Era posible que la idea fuera un germen congénito que permaneció latente hasta que una frustración la hizo despertar. Frustración de acuerdo con expectativas ajenas, medidas de otros vasos que rara vez se colman, pie sobre huellas demasiado grandes, marcas inalcanzables, ser bello, rico, exitoso, la perfección como meta.

El mundo está lleno de potenciales suicidas, una especie de vivero en el que algunas semillas germinarán tarde o temprano. De hecho, la casa donde vivía había sido la de un suicida, un médico joven que no aguantó la presión de un mal amanecer. Tadeo lo llamaba Doc y le gustaba imaginar que su espíritu merodeaba por los rincones. Más de una vez se descubrió hablando solo como si se dirigiera a un interlocutor que no podía ver, pero al que lo ligaba esa afinidad nacida del agobio por una existencia con la que ya no quería cargar.



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