
Por desgracia, no pudo quitársela de la cabeza.
– ¿Te parece bien?
La voz de Gideon arrancó a Logan de su ensimismamiento, y se volvió hacia el detective. Se encontró con que Gideon lo miraba fijamente con una expresión inquisitiva.
– ¿Perdón?
Gideon arqueó una ceja oscura.
– Te he dicho que te acompañaré a casa de lord Fenstraw, luego husmearé un poco por los alrededores. Comprobaré si hay alguien acechando o si veo algo fuera de lo normal.
– Gracias. Por supuesto te compensaré por las molestias.
Gideon curvó los labios.
– Entonces supongo que no debería decirte que no es una tarea que me suponga ningún inconveniente, ya que me da la excusa perfecta para esperar a mi mujer y acompañarla a casa. Ha ido a visitar a Emily, junto con Carolyn y Sarah. Una reunión de su club literario. La Sociedad Literaria de Damas.
La declaración de Gideon distrajo a Logan de su preocupación de estar siendo espiado y se le aceleró el pulso de una manera ridícula al saber que lady Emily estaba, de hecho, en casa.
– Debo admitir que siento mucha curiosidad sobre lo que hablan en esas reuniones del «club literario» -masculló Gideon.
Logan arqueó las cejas.
– ¿En la Sociedad Literaria de Damas? ¿Qué tiene de especial un puñado de mujeres charlando sobre Shakespeare o algo por el estilo?
– No leen precisamente a Shakespeare.
– ¿Ah, no? ¿Y qué leen?
– Novelas que harían sonrojar a una cortesana. De hecho, una de las obras que seleccionaron hace algún tiempo fue escrita por una. Una lectura muy interesante. Algo que, para mi condenación, casi me hace sonrojar.
Logan no creía que existiera algo que pudiera hacer sonrojar a un hombre como Gideon. También a él le resultaba difícil imaginar que la tímida y formal esposa de Gideon fuera capaz de leer sobre tales temas lascivos. Y le parecía inquietantemente excitante pensar que lady Emily también lo estuviera haciendo.
