
– Creo que durante los dos próximos meses será mejor que no te metas en medio de más ventiscas.
Kelly se rió entre dientes. Se sorprendió al darse cuenta de que Mac tenía sentido del humor. De modo que pensó que le había juzgado prematuramente. Lo cierto era que pensaba que se trataba de un hombre serio y formal debido al tono de las conversaciones que habían mantenido durante las últimas dos semanas. Pero en ese momento se daba cuenta de que el tono no podía haber sido otro, ya que se trataba de un asunto grave. Tampoco le había visto bromear en el trabajo, pero en esa clase de negocios no había lugar para el sentido del humor.
Así que Kelly sabía poco de cómo era Mac realmente. Desconocía cuales sería sus sueños y sus inquietudes. Tampoco sabía con qué tipo de mujeres acostumbraba él a salir, pero dudaba que se parecieran a ella.
Antes de que se diera cuenta, estaban enfrente de una verja de hierro, y Mac estaba accionando el botón que abría la puerta con un mecanismo electrónico.
– Tendré que enseñarte un montón de cosas, como el funcionamiento del sistema de seguridad, pero ya tendremos tiempo para eso mañana. Imagino que ahora lo único que querrás será descansar. Pero lo que sí quiero que sepas es que aquí estarás segura, Kel.
– Lo sé -eso era de lo único que podía estar segura. Con Mac a su alrededor se sentiría segura incluso si un león la atacara. Aunque también había descubierto que una cosa era que se sintiera a salvo de cualquier criminal, mientras estuviera con Mac, y otra cosa era que se sintiera a salvo de él.
El camino privado estaba rodeado de pinos cubiertos de nieve, al igual que el suelo, en el que no se podía ver ninguna pisada, dando el aspecto al terreno de estar deshabitado. Pronto llegaron frente a la casa.
Kelly sintió una patada del bebé, y se echó las manos a la un modo instintivo. Pudo reconocer la casa incluso en medio de la oscuridad.
