– ¿Es tuyo ese jeep?

– Sí -respondió Mac, bajándose del coche. Kelly no se había dado cuenta hasta ese momento del aspecto de cansancio que tenía él. Había conducido un largo trecho, por no hablar del resto del día…

– Vamos dentro, Kelly. No hay nadie. No me acuerdo si el otro día conociste a Benz y a Martha. Ellos viven al otro extremo de la finca y se encargan de llevar la propiedad. Ya les he advertido que vendré a menudo. No quiero que estés aquí sola, mientras yo esté trabajando. Especialmente, estando tu embarazo ya tan avanzado. Pero pensé que los primeros días preferirías adaptarte a la casa sin que hubiera mucha gente a tu alrededor. Si no recuerdas bien la distribución, te diré que esas puertas son las de la cocina. Entra y ponte cómoda, yo enseguida estoy contigo… quiero revisar unas cosas antes. La casa tiene un generador, por si hay problemas con la electricidad, y temo que con la tormenta podríamos quedarnos dos días… colgados.

– ¿Colgados?

A Kelly no le parecía esa expresión muy normal para Mac, pero él volvió a sonreírle de ese modo tan maravilloso.

– Sí, no sé dónde tengo la cabeza. Estoy diciendo tonterías sobre lo primero que se me ocurre, cuando debería recordar que hay cosas más importantes. El cuarto de baño está en la primera planta, a la izquierda.

Por un segundo, ambos compartieron una sonrisa. Una sonrisa verdadera. Por un instante, ella olvidó que él era un hombre atractivo, olvidó que era el poderoso Mac Fortune, olvidó que él se había encargado de la responsabilidad de cuidar a una mujer que su hermano había dejado embarazada. En ese momento, Mac fue simplemente… un hombre. Un hombre con cabello oscuro y una sombra de barba incipiente. Un hombre con una sonrisa que suavizaba aquellos ojos verdes tremendamente fríos. Un hombre al que tenía interés en conocer por ella misma, no por una imposición externa.



19 из 125