Kelly miró fijamente a los ojos de la anciana en el espejo.

– Parezco un melón pegado a un palillo.

– Sí, hija, pero me das envidia. No hay nada que haga más bella a una mujer que el embarazo.

Kate retrocedió para mirarse por última vez en el espejo, y la puerta se abrió de nuevo.

Mollie Shaw, con una sonrisa amplia en el rostro y el pelo rojizo cayéndole sobre la espalda entró.

– ¡Aquí está nuestra novia! Me imaginé que estarías nerviosa y vine a decirte que todo está preparado, que no hay ningún problema. Hola, señora Fortune… Me encanta ese traje azul que lleva. Es muy elegante y le sienta muy bien. Y Kel, tú estás preciosa…

Mollie tiró del velo de Kelly ligeramente hacia la derecha.

– Ahora estás perfecta. La música va a empezar en seguida. ¿Recuerdas lo que te dije de respirar profundamente tres veces?

– Sí.

– De acuerdo. Ahora me voy, pero ya sabes que estaré cerca para ayudarte en la fiesta. Todo va a Salir bien. Confía en mí, Kel.

Nada iba a salir bien, pero Mollie salió por la puerta antes de que Kelly pudiera decir nada… Y mucho menos se había atrevido a anunciarle sus planes de huida.

– La cara de esa chica me resulta conocida -dijo Kate.

El comentario distrajo a Kelly unos segundos.

– Claro que te resulta conocida, ya conocías a Mollie de antes, Kate.

– Sí, y ha sido una suerte tenerla con nosotros. Es muy joven y tiene mucha energía. No sé cómo podríamos haber preparado todo esto en sólo dos semanas sin su ayuda. Pero no me refería a eso. Es que su cabello pelirrojo y sus ojos verdes son muy peculiares y cada vez que la veo creo que la conozco de otra parte, aunque no recuerdo de dónde. Bien… de todas maneras, eso ahora no importa. Sobre todo porque tenemos sólo unos segundos y hay algo que quiero decirte.

¡Kate colocó el velo una vez más. Y si notó la palidez de la novia, o la alarma en sus ojos, no dijo nada.



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