
– Kelly… Es un honor para mí que me dejes estar contigo hasta el final. Siento mucho que tu madre no esté aquí, se sentiría muy orgullosa. Pero quiero que sepas que yo no podría estar más emocionada si fuera mi hija la que se casara.
Las palabras de Kate la hicieron sentirse culpable. Tenía que decirle que estaba decidida; que la boda no iba a celebrarse, que no soportaría pasar por todo ello. Pero, de alguna manera, no encontraba las palabras para decirlo.
Esa mujer había hecho mucho por ella. Cuatro años antes, cuando Kate le había dado trabajo como secretaria personal, su vida había cambiado irrevocablemente. La mayoría de la gente pensaba que ¡Cate era una persona cruel y dominante, incluso con su propia familia. Pero nunca lo fue con Kelly. La relación de trabajo de ambas había sido diferente. ¡Cate había sido quien había elegido el traje de satén de color crema con perlas engarzadas en el cuello y los puños. El estilo sencillo, con unos pliegues que escondían sutilmente el tamaño abultado de su vientre, era uno de los vestidos más bonitos que había tenido jamás. Y no sólo el traje, Kate también había pagado todos los gastos de la ceremonia y la fiesta, y había dispuesto que se celebrara en el edificio de la empresa familiar. Lugar donde podían estar perfectamente protegidos y aislados de los medios de comunicación.
Kate tenía razones importantes para querer que esa boda se celebrara. Aunque eso no significaba que Kelly debiera de estarle menos agradecida.
– Kate, no sabía que iba a ser todo tan caro y complicado.
– Tonterías. Tu amiga Mollie se ocupó de todos los trámites legales. Yo sólo ayudé un poco en la organización. Además, me divertí mucho y no me supuso ningún trabajo.
Kelly lo sabía bien. Nunca había pedido nada, pero cada detalle, desde las gardenias hasta el diseño del traje o la fiesta, delataban la mano de la anciana. Tampoco se había dado cuenta de lo mucho que Mollie y Kate habían trabajado a sus espaldas hasta que todo estuvo listo. De nuevo la invadió la sensación de culpabilidad. Las dos se habían portado de un modo maravilloso. Y ella no quería quedar como una desagradecida, pero su mente no paraba de repetir una palabra: ¡Escápate!
