– Algunas cosas, no muchas. Sé que tu madre murió cuando tenías diez años y que fue muy duro para ti. Sé también que eres el mayor y que hay mucha diferencia de edad entre tú y los mellizos. Conozco a Chloe, ya que está muy unida a Chad…

– Ambos son incorregibles. Los quiero mucho, pero no me gusta el tipo de vida que llevan. Al parecer, mi padre se hundió emocionalmente cuando mi madre murió y los dejó demasiado libres. Chad tiene que luchar por encontrar su camino. Conozco sus cualidades y sé que tú también las conoces. Yo me siento culpable por no haber podido ejercer una mayor influencia en su educación.

– Entiendo lo que dices. Tú te sientes culpable porque el bebé es de Chad, pero sigue siendo un error de tu hermano y mío, no tuyo.

– Llevas en el vientre a mi sobrino o sobrina. Alguien de mi misma sangre y puede ser lo más cercano a un hijo que yo alguna vez tenga. Si nos aseguramos de que nuestra relación se mantiene legalmente unida…

– ¿Quieres participar en su educación?

– Hasta cierto punto sí. Yo quiero tener la capacidad de decidir en todas las pequeñas cosas que van apareciendo cuando un hijo va creciendo. Como el colegio, el cuidado sanitario, la seguridad, la oportunidad de que conozca una parte masculina…

– Mac, yo siempre te permitiría todo eso. En cuanto a nosotros, si alguna vez no nos ponemos de acuerdo, me imagino que discutiremos y no habrá ningún documento que me impida decirte que estás interfiriendo demasiado en su vida. Pero volviendo a lo que decías hace un momento, ¿por qué has dicho que es tu única oportunidad de tener un hijo? ¿Por qué no te has casado?

Kelly notó un brillo de humor en los ojos de él.

– ¿Te referías a ese tipo de preguntas?

– Mac, no quiero incomodarte -aseguró, luchando por encontrar las palabras precisas-.



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