Estoy intentando encontrar el modo adecuado para que las cosas funcionen también para ti, no sólo para mí. Miro esta casa, que es el paraíso de un soltero, y no puedo evitar pensar que de repente te has visto unido a una mujer que le gusta el encaje, las flores y el desorden. A una mujer que creció en una casa que cabría toda entera en este salón. Todo ello me hace darme cuenta de que debemos de ser dos personas muy diferentes. Y, además, si nunca has querido casarte…

– De acuerdo, ahora entiendo lo que dices. Y la verdad es que nunca pensé en casarme -declaró, frotándose la barbilla-. Toda la familia ha tratado siempre de atarme de alguna manera. No sé si puedo explicar por qué no lo he hecho. Puede que la razón esté en que no he visto muchos matrimonios felices en la familia. Si alguien viene a mí, es porque hay problemas. Todo el mundo comienza a hablar de lo enamorado que está, pero sé lo que pasa cuando termina la luna de miel, cómo se tuercen las vidas en nombre del amor, cómo los niños son separados de sus padres cuando las cosas no funcionan. Si te soy sincero…

Un leño se partió en la chimenea, provocando un estallido de chispas. Mac se acercó al fuego y pareció que daba por concluida la conversación.

– Por favor, termina de decir lo que piensas -suplicó Kelly.

– De acuerdo. Puede que a ti te parezca difícil de creer, pero estoy a gusto con este matrimonio.

– Estás bromeando.

– No. Tiene su lógica. Creo que ambos tenemos la libertad que otras parejas no tienen, podemos hacer nuestras propias reglas. No tenemos por qué hacer juntos algo que a uno de nosotros no agrade. Si quieres pintar la casa de rosa, créeme Kelly, que puedes hacerlo. Si algo no te gusta, sólo tienes que decirlo. Estoy seguro de que tendremos que llegar a un acuerdo en todo tipo de cosas, pero ninguno de los dos vamos a entremezclar los sentimientos en ello. Podemos ser sinceros el uno con el otro.



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