
Pero antes de que pudiera decir nada más, escuchó el reloj de la entrada, que daba las horas. Una, dos, tres… bruscamente se dio cuenta de que en unos segundos sería un nuevo año.
Mac también se distrajo con las campanadas y se levantó repentinamente.
– Creo que nos habíamos olvidado de esto. ¿Tienes leche suficiente para brindar por el próximo año?
– Creo que sí -contestó ella, inclinándose para agarrar su vaso.
– Hemos pasado un día verdaderamente extraño. Estamos aquí gracias a que la novia dio codazos al novio cada vez que éste se olvidaba de repetir las palabras del sacerdote. ¿Te he dado las gracias?
– No, pero… puedes dármelas haciéndome un pequeño favor.
– ¿Qué?
Ella alzó los ojos hacia el techo, incómoda.
– Estaba intentando levantarme para el brindis, pero creo que no puedo. No tenía que haberme sentado aquí, los cojines son muy blandos, tendré que sentarme en las sillas duras. Me siento como un elefante…
Antes de que le diera tiempo a intentar levantarse de nuevo, Mac la tomó por ambas manos y tiró de ella. Kelly pensó que, desgraciadamente, la conversación había llegado a su fin. En ese momento brindarían y luego tendría que abrir la maleta.
Al levantarse, su vientre abultado se chocó contra el abdomen liso de él. Y, por alguna razón, él continuó agarrándola durante unos segundos más. Tenía las manos fuertes y calientes, y su roce provocó en ella una corriente de alto voltaje.
Kelly había sentido 1 mismo cuando la había besado en la ceremonia. Aunque estaba segura, entonces lo estuvo y lo estaba en ese momento, de que eran imaginaciones suyas. El simplemente quería ser amable. Había hablado de sexo varias veces con ella como si se tratara de macarrones y queso para cenar. Mac pensaba que estaba enamorada de su hermano y no había ninguna razón para pensar que él sintiera la más mínima atracción hacia ella.
