
Y ella tampoco hacia él, por supuesto.
Pero por una milésima de segundo, el músculo de la mandíbula de él se tensó, y en sus ojos apareció algo. Pudo ser soledad y tristeza, O quizá se daba cuenta, lo mismo que Kelly, que una pareja de recién casados normales no terminarían su día de boda de aquella manera.
Entonces ella tuvo un impulso de rodearlo con sus brazos. Sabía que los abrazos no eran parte del trato y podría resultar un poco presuntuoso, pero no le importaba. Aquella mirada la emocionó. Todo el mundo necesita un abrazo de vez en cuando. Si tenía un infarto, peor para él, pensó finalmente.
El se puso rígido cuando los brazos de ella se enredaron a su alrededor.
Pero luego se relajó.
Había sido un estúpido, relajándose…
Capítulo Tres
Mac se sirvió otra taza de café, la cuarta en esa mañana, y la llevó hacia la ventana del salón. El sol no había salido todavía y el horizonte tenía ese matiz rosado del amanecer, convirtiendo el paisaje en una postal de Navidad inocente y pura. Pero no había nada inocente en el viento de la noche anterior. Mac estimaba que podía haber dos pies de nieve, algo fácil de eliminar si no fuera porque el nivel no era el mismo en todos los lugares. En algunas partes había montones más altos que un hombre.
Pensó en que Kel estaba embarazada y que no podía estar alejada o aislada de la civilización y de un médico. La población estaba cerca y él tenía una furgoneta preparada para la nieve. Podría limpiar la entrada en unas pocas horas.
Al escuchar pasos en la escalera se giró. Había dejado la cocina encendida, ya que había estado trabajando para ordenar un poco la comida. Sobre el horno se apilaban cuatro sartenes. Una para huevos, otra para beicon, una para bollos y la última para panqueques. La mesa estaba abarrotada con cajas de cereales y recipientes con manzanas, naranjas y melones. También había dos jarras de plata, una con zumo de naranja y otra de arándanos amargos.
