
El frunció el ceño.
– ¿Es que no te gusta?
– Sí, es un nombre bonito.
– Lo decía por la expresión que has puesto.
– Es que mi madre se llamaba Annie -Mac respiró hondo-. Y algo me dice que tú ya lo sabías.
Ella asintió.
– Sí, Kate me lo comentó en una ocasión. Y también Marie. Creo que ambas querían mucho a tu madre. Hablaban de ella como si hubiera sido una persona maravillosa. Y a mí me parece un nombre precioso. Claro, que hay personas reacias a utilizar nombres de familiares, ¿no serás tú una de ellas?
– No; por mi parte, no podías haber elegido un nombre mejor.
– Me alegro -dijo ella, con una gran sonrisa-. Entonces, si es chica, está decidido el nombre. Ahora ya sólo queda pensar en un nombre por si es chico.
– Eso ya lo pensaremos en otro momento. Ahora quiero saber qué tal te encuentras tú, no sólo me interesa saber que el bebé está bien.
– Bueno, es que no hay nada interesante que reseñar acerca de mí. Lo único que dice la doctora Lynn es que tengo las caderas algo estrechas. ¿Te lo puedes creer? Y yo que me veo más gorda que una ballena…
– De eso nada. No sé por qué dices eso. No estás nada gorda, estás preciosa. ¿Y por qué te dice la doctora lo de las caderas? ¿Es que puede eso suponer algún riesgo durante el parto?
– Oye, Mac, no tienes que mentir y decir que estoy preciosa. No necesito que me adules.
El se levantó a ayudarla a recoger los cacharros.
Viéndola de espaldas a él, pensó que ella quizá no tenía el tipo de belleza de las modelos, pero es que ese tipo de belleza era demasiado frío. Los enormes ojos azules de Kelly podrían dejar pasmado a cualquier hombre, sus labios recordaban dos fresas y su piel era blanca como una perla. Y además, ella estaba llena de vida y era una mujer de lo más sensual. Una mujer así debería de ser consciente de lo. atractiva que era. A cualquier hombre le volvería loco imaginar esa piel suave desnuda apretándose contra él… De pronto, Mac recuperó la consciencia, arrepintiéndose del curso que habían tomado sus pensamientos.
