Loliña era ya viuda cuando murió, llevaba cuatro o cinco años viuda. Afouto no tiene más que hermanos, ninguna hermana. Los padres de los nueve Gamuzos, o sea Baldomero Marvís Casares, Tripeiro, y Teresa Ventela (o Fernández) Valduide, Cachifa, murieron en 1920, en el famoso choque de trenes de la estación de Albares, murieron más de cien, nada más salir medio abafados del túnel del Lazo, que es como una sepultura sin fondo, como una sepultura que no se llena jamás; por el contorno se dijo que a muchos los enterraron vivos aún, para ahorrarse papel de oficio, pero a lo mejor no es verdad.

El segundo Gamuzo es Tanis, a quien llaman Perello porque discurre el mal muy deprisa. Tanis está casado con Rosa Roucón, que es hija de un consumero de Orense. Rosa le da al anís y se pasa todo el día durmiendo; no es mala, todo hay que decirlo, pero se le va un poco la mano en el anís. Tanis cultiva la tierra y cría el ganado, como su hermano mayor y el que le sigue y como suprimo Policarpo el de la Bagañeira, el adiestrador de pájaros y ranas y animalitos del monte; también son besteiros de afición o sea por gusto, no de oficio, se dan mucha maña para acosar caballos por el monte y raparlos y marcarlos en el curro entre nubes de polvo, relinchos de las dos clases (de rabia y de espanto) y sudor, mucho sudor. Tanis tiene buen pulso y siempre gana las apuestas a los forasteros.

– Suelte los cuatro reales que perdió, paisano, y bébase una taza con nosotros, que aquí no queremos criar enemigos. Y recuerde siempre lo que voy a decirle, que consuela mucho: viva Dios e cante o merlo, que tras do vran ven o inverno.

A Perello, cuando viene la calor, aún falta, le gusta meterse con Catuxa Bainte, la parva de Martiñá, los dos en cueros, en la represa del molino de Lucio Mouro, para abusar de sus carnes medio de culebra y medio de gato montés; bueno, abusar, lo que se dice abusar, Tanis no abusa porque ella ni escapa ni se cansa nunca y además aplaude y aturuxa a cada chapuzón y enguilón. La parva de Martiñá no sabe nadar y es muy chistoso verla darse solagos mientras culea al compás del baile.



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