
Yo había oído todo aquello más de una vez. Carol Alvarado, la hermana mayor de Consuelo, era la enfermera ayudante de Lotty Herschel. Carol rogó a su hermana y razonó con ella para que abortase. La salud de Consuelo no era buena: había sufrido una operación de vesícula a los catorce años, y era diabética. Carol y Lotty intentaron convencer a Consuelo de que en aquellas condiciones el embarazo podía ser problemático, pero la chica estaba empeñada en tener a su niño. Ser diabética, tener dieciséis años y estar embarazada no es la mejor de las situaciones. En agosto, y sin aire acondicionado, puede ser casi intolerable. Pero Consuelo, demacrada y débil, era feliz. Había encontrado una salida perfecta para la presión a la que desde su nacimiento la tenía sometida toda la familia.
Se sabía que era el miedo a los hermanos de Consuelo lo que impulsaba a Fabiano a buscar trabajo. Su madre se hallaba totalmente dispuesta a seguir manteniéndole durante toda su vida. El parecía pensar que si dejaba las cosas a su aire el tiempo suficiente podría acabar desapareciendo de la vida de Consuelo. Pero Paul, Herman y Diego habían estado encima de él todo el verano. Una vez le habían dado una paliza, me contó Carol un poco preocupada, pues Fabiano tenía algo que ver con una de las bandas de la calle, pero consiguieron que no dejase de buscar trabajo.
Y ahora Fabiano tenía la oportunidad de conseguir uno. Una fábrica cerca de Schaumburg contrataba personal no especializado y el tío de un amigo de Carol era el director; éste había aceptado sin entusiasmo ayudar a Fabiano si el chico iba a hablar con él.
Carol me había despertado a las ocho aquella mañana. Odiaba tener que molestarme, pero todo dependía de que Fabiano realizara aquella entrevista. Su coche se había estropeado. «¡Ese bastardo! Seguro que lo ha estropeado él mismo para no tener que ir.» Lotty estaba ocupada; mamá no sabía conducir; Diego, Paul y Herman estaban trabajando.
