
Y, por supuesto, así era. Susan le dirigió una sonrisa, y le agradó ver que se la devolvía.
Rapaz, pero con un encanto que solamente podía describirse como inocente… ¿Cómo sería en la cama? Ong frunció majestuosamente el entrecejo y se puso de pie para hablar.
– Damas y caballeros, creo que podemos empezar. Tal vez corresponda presentarlos. El señor Roger Camden, la señora Camden, por supuesto, nuestros clientes.
El doctor John Jaworski, abogado del señor Camden. Señor Camden, esta es Judith Sullivan, jefa de Legales del Instituto; Samuel Krenshaw, en representación del Director del Instituto, Doctor Brad Marsteiner, quien lamentablemente no puede estar hoy aquí; y la doctora Susan Melling, quien desarrolló la modificación genética que afecta el sueño. Hay algunos puntos de interés legal para ambas partes…
– Olvide los contratos por un minuto -interrumpió Camden-.
Hablemos del asunto del sueño.
Quiero hacer unas preguntas.
– ¿Qué querría saber? -dijo Susan. Los ojos de Camden eran muy azules en su estólida cara; no era lo que ella esperaba. La señora Camden, quien por lo visto carecía tanto de nombre de pila como de abogado, ya que Jaworski fue presentado como el de su esposo pero no de ella, miraba con una expresión que no podía saberse si era adusta o asustada.
Ong dijo ácidamente:
– Entonces tal vez deberíamos comenzar por una breve presentación de la doctora Melling.
Susan hubiera preferido contestar preguntas, para ver qué preguntaba Camden. Pero ya había disgustado a Ong lo suficiente por una sesión, y se levantó obediente.
