Se dirigió, ceñudo, a Ong:


– Niñeras, Doctor. En turnos.


Deberían haber elegido solamente padres lo bastante ricos como para pagar niñeras en turnos.


– ¡Eso es horrible! -exclamó la señora Camden, sin que Ong pudiera saber si se refería a la muerte del bebé, a la falta de niñeras o al descuido del Instituto. Ong cerró los ojos.


Cuando se fueron, tomó diez miligramos de ciclobenzaprine III. Por su espalda, sólo por su espalda. Otra vez le dolía su vieja herida. Luego se detuvo ante la ventana largo rato, sosteniendo aún el imán sujeta-papeles, sintiendo cómo cedía la presión en sus sienes, cómo se iba relajando. Ante él el Lago Michigan lamía pacíficamente la orilla; la policía había hecho una redada de los sin techo la noche anterior, y todavía no habían tenido tiempo de volver.


Sólo quedaban sus desechos, tirados entre los arbustos del parque ribereño: mantas raídas, diarios, bolsas de plástico como patéticos estandartes pisoteados. Era ilegal dormir en el parque, entrar a éste sin un permiso de residencia, era ilegal no tener vivienda ni residencia. Mientras Ong miraba, empleados uniformados del parque comenzaron a ensartar metódicamente los diarios y a meterlos en limpios recipientes autopropulsados.


Ong tomó el teléfono para llamar al Presidente del Directorio del Instituto Biotech.


Había cuatro hombres y tres mujeres sentados en torno a la pulida mesa de caoba de la sala de reuniones. Doctor, abogado, jefe indio, pensó Susan Melling, mirando a Ong, Sullivan y Camden, y sonrió. Ong notó la sonrisa y la miró con frialdad. Asno pomposo. Judy Sullivan, abogada del Instituto, se volvió para hablar en voz baja con el abogado de Camden, un hombre delgado y nervioso con cara de obedecer al amo. El amo, Roger Camden, el mismísimo jefe indio, era el que más feliz parecía. El letal hombrecito -¿Cómo se hace para llegar a ser tan rico, partiendo de la nada? Ella, Susan, nunca lo sabría- irradiaba excitación. Brillaba, ardía, tan diferente de los habituales aspirantes a padres que intrigó a Susan. Generalmente los padres y madres -especialmente los padres- se sentaban allí con aspecto de estar en una fusión de empresas. Camden lucía como si estuviera en una fiesta de cumpleaños.



6 из 96