Yo absorbía estas versiones de la vida futura con las páginas abiertas encima de las rodillas. Uno no podía dejarse sorprender en situaciones como esta. En cualquier caso, la escena era más confortable que orgásmica. Eso también me proporcionaba un montón de material para cambiar con Gould, cuyo padre siempre le dejaba leer News of the World con la esperanza de evitar tener que explicarle a su hijo las cosas de la vida.

– ¿Qué, va todo bien? ¿Estás cómodo?

El muy cabrón había entrado en el garaje tratando de no hacer ruido. Pero no hay nada como una sorpresa para que pierdas la erección, y, la verdad, no tuve problemas al respecto.

– Perdona que te interrumpa, chico, pero he pensado que no te molestaría echarme una mano para bajar algunas cosas del altillo. Es bastante difícil localizar los clavos que están por el suelo y tú ves mejor que yo.

8. Sexo, austeridad, guerra, austeridad

Una de las cosas que cambiaría cuando Viviéramos Por Nuestra Cuenta sería el tipo de diario que pudiéramos llevar. Uno no escribiría sobre las cosas que no le gusta hacer, sobre lo que quería hacer y no hacía ni sobre los planes para el futuro. En su lugar, escribiría sobre lo que hacía de verdad. Y como sólo se haría lo que uno quisiese hacer, el Libro de los Hechos se parecería al que por el momento era el Libro de las Fantasías, sólo que con un emocionantísimo cambio de tiempo verbal.

– Sabes -recuerdo que le dije a Toni una tarde, tras un poco de Vivaldi («disminución del pulso, aumento de la tolerancia y la benevolencia, sentido cívico, sensación de limpieza cerebral»)-, en realidad no está tan mal ser… comment le dire… joven.

– ¿Nnnooo?

– Bueno, no hay guerra. No hay servicio militar. Hay más mujeres que hombres. No hay policía secreta. Se pueden conseguir libros como El amante de Lady Chatterly. No está tan mal.



42 из 168